jueves, 6 de noviembre de 2008

Entre payasadas



Hace unos días fue el cumpleaños de mi sobrinita -la chantajista- para la que hicimos una serie de preparativos pre fiesta increíbles. Para empezar un par de días antes fuimos los tíos y la madre a comprar todo lo que se necesita para que un grupo de niños y no tan niños se diviertan y coman como se debe en una fiesta, entre serpentinas y galletas sayon llenamos varias bolsas negras para hacer de ese día uno memorable.
Llegado el día muy temprano fingimos de decoradoras de interiores tratando de poner los globos y demás adornos en la casa sin lastimar la pared recién pintada, creo que lo conseguimos y armamos la mesa con variados dulces (que iba comiendo cada vez que pasaba por ahí) y con el pastel de lo más llamativo. Ahora solo faltaba vestir a la reina del santo y esperar a sus honorables invitados.
Era las 5 de la tarde y la música de cumpleaños se escuchaban en el barrio tratando de sembrar la envidia en los vecinos. Fue el momento que empezaron a llegar los invitados y a pasar los dulces para que la espera al gran inicio de la fiesta sea menos largo, hasta que salió la gran sorpresa !EL PAYASO!. En mi tierra el payaso en las fiestas es una costumbre muy antigua (yo nunca tuve uno) pero es algo que los niños aun disfrutan y gozan aunque sea unos minutos, por eso al aparecer el personaje no hacían más que saltar y hacer caso a lo que se le ocurra hacer o decir. Nosotras las personas adultas (risas) también somos víctimas de los antojos y ocurrencias un tanto ridículas pero que al fin y al cabo cumplen el objetivo del payaso: hacer reír. Acabo el espectáculo de la noche, cantamos al pie del pastel para que mi sobrinita cumpla esos deseos de vida que apenas esta comenzando.

1 comentario:

Marco Antonio dijo...

uy ... que de niños, permitanme presentarme ... jajajajajajajaja